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Gestión organizacional

Liderar a las personas tras nuestros equipos UX

Es común que los integrantes de un equipo de trabajo se sientan agobiados al tener que abordar simultáneamente varios proyectos -o clientes- con necesidades y características muy diferentes. Definir de manera clara el rol que cada persona cumple dentro de una organización es fundamental para que todos podamos enfrentar la tormenta y salir airosos de ella.

Persona de pie en señal positiva, y manos entrelazadas.

Muchas veces la explicación del rol que cumplimos dentro de una organización es una conversación que tendremos al iniciar una nueva etapa laboral y que nunca más volveremos a tener. Sin embargo, la realidad nos indica diariamente que nuestras responsabilidades están en un proceso de constante cambio, asumiendo o delegando tareas que no estaban en el contrato original.

Esto, a veces, genera confusión y frustración dentro de un equipo, al sentir que no hay una definición clara del alcance de su labor. Cuando esto ocurre, nos vamos dando cuenta que comienzan a aparecer tareas que quedan sin realizar, plazos que no se cumplen y, como consecuencia, el avance del proyecto disminuye e, incluso, simplemente se detiene. Lo que finalmente afecta de manera directa la relación con nuestros clientes.

En este contexto, muchos abocan sus esfuerzos a buscar culpables responsables de lo que ocurre. Claramente -y con la Gantt en mano- es simple identificar el cuándo y el quién, pero pocas veces nos detenemos a pensar en el cómo y el por qué. Esto, finalmente, se convierte en la pesadilla de quien lidere el equipo, quien está más enfocado en identificar los problemas en vez de las soluciones.  

Nuestros equipos están compuestos por personas

Cada vez que he asumido un nuevo desafío laboral, eso es lo primero que pienso. Quienes tengo enfrente no son solo profesionales, ni expertos. Los postgrados y el CV no tienen cabida en esa primera observación.

Ante todo, miro a mi alrededor a las personas con quienes me va a tocar compartir día a día,  personas que tienen diversos orígenes, gustos e ideologías. Un grupo variopinto de seres humanos que convergen en un espacio y tiempo determinado y acotado.

Al momento de comenzar un nuevo proyecto, más allá de definir plazos y entregas -lo que le importa al cliente- es importante que entendamos, primero nosotros mismos, lo que el proyecto necesitará de cada persona que integra el equipo de trabajo. Y con esto, no me refiero solo a las tareas o tiempos, sino a lo que cada integrante del equipo pueda aportar al proyecto también.

¿Equipos de trabajo o de personas?

De la misma manera, definir los roles de quienes participarán de cada proyecto no es solamente generar un listado de responsabilidades y tareas. Debemos ayudar a que nuestro equipo sea capaz de comunicarse efectivamente entre sí y de generar espacios de conversación.

Estos espacios de conversación, son muy importantes. Ya que serán los responsables de que se conviertan realmente en un equipo de trabajo capaz de agregarle valor a sus propuestas, al ser abordadas por todos quienes componen el grupo.

Cuando ponemos a las personas antes que a los profesionales, somos capaces de gestionar de mejor manera el talento innato de cada uno. Quizás este no está relacionado directamente con su profesión, pero aporta una riqueza diferente a su labor y, como consecuencia, somos capaces de diseñar en equipo una experiencia satisfactoria para la persona quizás más importante de este proceso: nuestro usuario.

Mi principal preocupación son las personas, cómo interactúan con su entorno y qué puedo hacer para mejorar sus experiencias. Creo que la comunicación, el trabajo en equipo y poder conciliar de diversas miradas es fundamental para el desarrollo exitoso e impacto duradero de un proyecto.

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